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y ahora, ¿qué?

Foto del escritor: Celia Madroñal
Celia Madroñal
22 ene 2025
3 min de lectura

me comparo con electrodomésticos mientras a mi currículum le entra la fiebre


mi adorada frances ha
mi adorada frances ha

Hoy he tenido que pasearme por todas las formas de transporte público de Madrid con una cafetera en la mano. En el piso la que teníamos parecía atorarse y cerrarse en banda en todos los desayunos así que me he traído una idéntica de casa. Creo que en mitad de las escaleras mecánicas que llevan al cercanías de Príncipe Pío he empezado a volverme loca, porque lo único que pensaba era: realmente soy igualita a nuestra cafetera. Estoy bien atascada.

Cuando llegas a cierta edad y ya no aparentas ser dulce e ingenua ante los ojos de los demás todas esas personas que ya pasaron este cambio hacen preguntas. Últimamente hay una que nunca había oído, que cada día que pasa es más frecuente y que se ha convertido en la conversación central de todas las comidas o encuentros familiares: Y ahora, ¿Qué vas a hacer?. No os penséis que después de este último signo de interrogación viene alguna felicitación o cualquier cosa que se parezca a ello. Creo que hay personas que nunca han aprendido ese tipo de vocabulario.

Queridos familiares. Queridos amigos. Querida gente a la que realmente no le importa mi vida. Querida señora que el otro día en la panadería me hizo esa pregunta acompañado de un normal que hayas sacado la carrera si lo tuyo es muy fácil de estudiar. Estos últimos días lo único en lo que pienso es en mis abuelos. En que los más mayores se fueron a Francia y a Alemania con una pequeña maleta de madera y sin ningún lugar al que acudir en busca de ayuda, en como gracias a ellos hicieron de la casa en la que vivo ahora el lugar más bonito del mundo. Sé que se marcharon jóvenes, y que tendrían mucho miedo. Pero hay un ligero tinte de cuñadismo en mí en estos instantes que me ve sentada en el sofá rojo del salón. Resopla con asco y grita por qué eres tan débil/ mira cómo eran las cosas antes /todos entramos en esto/ espabila. Entonces yo me veo comparándome con electrodomésticos en una estación de tren mientras a mi currículum le entra fiebre. Veo también desaparecidos dentro de estos últimos años además de soñar que soy yo la que desaparece. Me da miedo marcharme y no conocer las nuevas versiones de las personas que me han importado estos últimos años. Verlas desde las redes bajo una sonrisa, una nueva casa o la adopción de un perro, pero que nunca más poder observarlas por dentro. Percibo como todos cuentan, avanzan mientras yo me pregunto qué debo hacer para que me elijan, si es que acaso la gente me querría en su equipo si supiera hablar mejor en público con claridad o estuviera más delgada. Mi padre me dice menudos sofocos te pillas para nada y mi abuela se marchó a París para nunca más volver a vivir en su pueblo.

Abrazo a cada una de las personas a las que les aturda o enfade el ahora qué y celebro la incertidumbre como un rasgo más de nuestra juventud. Vuelvo a ver Frances Ha y me consuelo con otra chica igual de atascada que yo y mi cafetera, aunque sus palabras son más bonitas y románticas, como deben ser en una película hecha en blanco y negro. Coloco el artilugio en la cocina después de haberle dado el merecido paseo por la capital, lo enchufo y me hago un café con leche. No sabré qué hacer con mi vida, pero al menos este minuto va a saber a gloria.

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