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“sé que soy una dura porque me duele todo”

Foto del escritor: Celia Madroñal
Celia Madroñal
22 ene 2025
3 min de lectura

las cosas no se pasan


esta escena de fleabag nos persigue a todos como un fantasma
esta escena de fleabag nos persigue a todos como un fantasma

El verano empezó tarde para los que tuvimos que enfrentarnos a las consecuencias de matricularnos en una carrera universitaria hace cuatro años. Entonces, cuando llega julio y el calor chorrea por las piernas esto último parece importar poco porque es fundamental chapotear por el asfalto a las seis de la tarde en busca de una terraza. El bar de mala muerte de Manolo nos llena de mucho más apetito que la biblioteca de cualquier facultad. Era en busca de uno de esos bares cuando una de mis amigas me enseñó una foto y encontré belleza en un folio mal doblado.

Su prima se casa en unos meses y ella tendrá que subirse al atril de la iglesia de su pueblo de Ciudad Real a leer. En una de las cartas de San Pablo a los Corintios escribe que él, sin amor no era absolutamente nada. O más bien un metal que resuena o unos platillos que aturden. Hablemos con exactitud.

Al final de ese texto hay una frase. La Biblia entonces declara que el amor no pasa nunca y es ahí cuando yo pienso en mi madre.

Tiene un marcapáginas de color rosa, con florecitas y una letra comic sans que dibuja el poema más conocido de Santa Teresa de Jesús. La mística carmelita niega en él la palabra del texto sagrado al que reza y dice: nada te turbe y nada te espante, todo se pasa. Después leo las palabras que mi madre siempre me decía cuando, con seis o con doce o con quince, me convertía en un huracán: la paciencia todo lo alcanza.

Si seguimos indagando en este concepto dentro de lo divino tenemos que alejarnos de la realidad y entrar en un mundo creado por una mujer. Si es que acaso Dios, del que no conocemos forma ninguna, es un hombre. Phoebe Waller Bridge construyó en su universo creativo a un cura apuesto del que la protagonista de su serie, concebida como un saco de moscas, se enamora. Ella le dice te quiero y él, con la calma que solo un jovencísimo sacerdote que da sermones sorprendentemente interesantes puede tener, vocaliza aquello que dio y sigue dando mil vueltas por redes sociales: se pasará.

La cuestión aquí -por lo menos para la que escribe este texto- no está en cual es la respuesta que los humanos buscan en cualquier especie de divinidad, sino en cómo incluso los más cercanos a su fe son capaces de negarla y rechazar aquello que nos dice una institución que ha construido occidente y la sociedad a lo largo de los siglos, solo con tal de ser capaces de olvidar el dolor. Cuando llegamos a casa cabizbajos, después de una situación que es difícil de procesar nos dan una palmadita en la espalda y te dicen ya te curarás tiempo al tiempo tú tranquila tienes que seguir todo se pasa. Pero nadie te cuenta el secreto mejor guardado de esta humanidad: las cosas que pasan nunca se pasan porque no habrían ocurrido y siempre estarán ahí. Lo único que cambia a lo largo de los días, los meses y los años es que tendrás que aprender a vivir con o sin ellas. Y considero que gracias a esa paciencia, fuerza y templanza que parece un superpoder, es que nuestra especie sigue sobreviviendo.

Podemos continuar hablando de nuestra sociedad y su manera de recordar o seguir adelante si vamos al kiosko y compramos una revista o encontramos un misterioso baúl en nuestra buhardilla que contenga algún material periodístico que nos hable de moda. Ahora nos bombardean con el indie sleaze -ir sin desmaquillarte al supermercado, consumir cocaína y escuchar a The Strokes- la nostalgia nos puede invadir pero entonces tendrás que repetir que todo pasa y olvidar las problemáticas que traían a nuestros cuerpos los 2000 y convertir estilos de vida poco saludables en un cúmulo de modas que te moldean y capitalizan hasta arruinarte. Pero este es un tema del que quizá no me apetece hablar hoy y que podemos dejar para otro artículo.

El caso es que la nostalgia es la irrefutable prueba de que efectivamente, nada pasa. Aunque esta es solo mi opinión. Y si todo vuelve, entonces hay que encontrar la armadura perfecta para que lo que regrese a tu cabeza te machaque el corazón un poquito menos. O quizá en alguna de esas tiendas con pantalones de tiro bajo que están de nuevo en el mapa podemos encontrarnos y luego tomar un café. Porque si olvidar palabras es imposible imagino que un rostro también. Mientras termino esto y regreso al camino circular que es vivir en este mundo, tarareo a Diego 900 y os digo que sé que soy una dura, porque me duele todo.

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